viernes 7 de enero de 2011

Del amor y otros rayos finales

Si bien es cierto que no pasa una semana sin que el calendario beatle marque una nueva efeméride, la del mes de diciembre de 2010 presenta especial resonancia, por su significado y redondez: se cumplen 30 años del asesinato de John Lennon, el eslabón de una cadena cuyos extremos simbolizan el amor y la muerte. Suena algo presuntuoso, es cierto, pero Lennon encarnó como pocos esa dualidad metafísica, una vida signada por un amor expansivo que terminaría por destruirlo.

En 2010 también se cumplieron tres décadas de la muerte de Ian Curtis, el oscuro líder de Joy Division, que también puede ser otra pieza de ese engranaje funesto. Más allá de las composiciones viscerales y los fatales desenlaces, Lennon y Curtis comparten una especie de reverso en sus respectivos legados. Mientras que a uno se lo rememora como un activo pacifista y al otro como un ícono de la introspección, en vida instituyeron dos eslogans que hoy se reproducen en incontables graffitis y remeras. All you need is love y Love will tear us apart, los dorsos de una misma idea, grafican bastante bien las dos puntas de la lanza: el amor es la clave para el cambio social o bien puede funcionar como una apertura hacia la tragedia.

Esa duplicidad de sentidos no es algo que haya inventado el rock, por supuesto. El argumento amor/muerte fascina a los artistas desde la época de los griegos y en el Romanticismo fue uno de sus pilares estéticos cardinales. El Werther de Goethe marcó a toda una generación de lectores jóvenes, quienes, como gesto de identificación, reproducían la vestimenta y el andar taciturno del héroe inmolado, algo que puede leerse como un antecedente válido de las tribus urbanas. El genio alemán nunca ocultó que la obra tenía mucho de autobiográfico.


Sin embargo, de la segunda mitad del siglo XX a esta parte, la música pop ha sido inagotable en ese terreno, algo que desde luego ayuda a amplificar la mitología. Se entienden las razones: no se trata únicamente de artistas atormentados y melancólicos, que los hay en abundancia, sino además de una enorme industria que los exprime por detrás porque sabe que los perdedores hermosos producen empatía y buenos dividendos, desde el malogrado Elliot Smith al sobreviviente Joaquín Sabina, desde Tanguito a Nick Drake (por cierto, y para señalar lo anterior, recientemente hubo material de estos dos últimos: un álbum inédito de Tanguito, y fueron reeditados –remasterizados– los tres discos de Drake).

Y si es verdad eso de que la vida imita al arte, parece justo cerrar esta columna tomando un ejemplo de la realidad. El estadounidense Roy Sullivan forma parte del libro Guinness de los récords a raíz de una proeza inexplicable: entre 1942 y 1977, su cuerpo recibió siete rayos en diferentes tormentas eléctricas y sobrevivió a todos. En algunos casos debió ser hospitalizado, en otros las lesiones fueron menores, pero en ninguna oportunidad la descarga eléctrica fue mortal. Su cuerpo, un auténtico desafío para la ciencia moderna, parecía hecho de un material indestructible.

Sullivan, un guardaparques hosco y ensimismado, murió en 1983 y no por causas naturales: la autopsia determinó que se había pegado un tiro en el estómago con su arma reglamentaria. El suicidio, créase o no, fue producto de un amor no correspondido.

Publicado originalmente en Ciudad X N°6 - Diciembre 2010

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial Jopi!!! Podrias haber puesto una foto de IAN CURTIS real...no del actor de Control...
Ianfue un gran poeta...un genio <3

José Heinz dijo...

Es cierto lo de la foto, jaja. Pasa que me encanta el afiche de esa peli, me pareció que quedaba bien... Gracias anónimo! (quién sos?)